domingo, 11 de septiembre de 2011

EL PADRE, LA MADRE Y LOS TRES SOLES

S

igo buscando una sirena, una criatura especial, que me reconcilie con la raza de los hombres, y la de los Nefilin… Por eso, al borde del Mediterráneo, miro, en vano, los cuerpos femeninos tendidos sobre la arena blanca y ardiente… Ante mí, se extienden en amplia e inconexa paleta todos los colores de la piel humana, desde el rosáceo más habitual de los primeros días, o más bien desde el blanco cadavérico, hasta los distintos matices del dorado cobrizo más sublime, que en el fondo es lo que estoy buscando… eso por no olvidar una amplia gradación de rojizos más o menos intensos, hasta alcanzar el cangrejil rojo brillante de las quemaduras de primero, segundo y tercer grado…

He recorrido la costa desde el alba hasta el ocaso, y ya desesperado por no encontrar a mi Sirena entre los humanos, me he colado, durante varios días, en innumerables piscinas privadas, con mi mejor disfraz de persona que tiene todo el derecho de estar allí, y que por lo mismo, no debe dar explicaciones… Una toalla de playa, una silla pequeña, las gafas de sol y un buen libro: no es necesario mucho más para granjearte la confianza de las personas… Pero, al no obtener resultados positivos, he decidido fabricar, desde cero, a la mujer perfecta, a la encarnación de tantos ideales de juventud… que nunca he vivido, al nacer a los 15 años terrestres…

Lo más complicado no ha sido el empezar, de todas formas, me quedan 48 horas para completar el proyecto, sino escoger la forma más adecuada de hacerlo: he optado por utilizar el pequeño chip de memoria que me implantaron hace muchos años en el ejército, y que, conectado al nervio óptico, me convierte en la cámara de fotos más perfecta… Las gafas de sol, igual que las de natación, llevan incorporado un dispositivo de zoom, gracias al que puedo acercar y alejar la imagen a voluntad… y un interesante complemento para observar con nitidez lo que se esconde bajo la ropa… Es cierto, en tiempos de guerra, estas habilidades han demostrado ser de una gran utilidad, sobre todo porque esas imágenes que yo recogía han sido transmitidas directamente al CG haciendo de mí y de mis hermanos los mejores agentes de reconocimiento…

Ahora, estoy inmerso en una búsqueda mucho más intensa, más complicada, y al mismo tiempo, más desesperada… No es fácil ser consciente de que el futuro de tu raza se encuentra entre tus manos, que no hay nadie más que, en este momento, pueda realizarlo… Pero justamente estas características me terminan ayudando a tomar una decisión: si en el tiempo que llevo observando a las humanas no he conseguido mi objetivo, será necesario fabricarla pieza a pieza… aunque de todas formas, aquél fuera el plan B… Soy un transmisor, un informador, pero gracias a todos los datos que yo proporcione, los especialistas podrán desarrollar su trabajo con más posibilidades de éxito…

Es cierto, con los datos que tenemos en la actualidad, y basándonos sobre todo en las imágenes que han sobrevivido a las catástrofes y guerras del siglo XXI, tenemos ya una serie de modelos parcialmente operativos, elaborados a partir de antiguos mitos, como Marilyn Monroe, Rita Hayworth, Laetitia Casta, Cindy Crawford y unas cuantas más… Pero no dejan de ser hologramas altamente elaborados, pero falsos de todas formas…

Aprovechando al máximo los recursos del Laboratorio, han conseguido enviarme durante cuatro días al pasado, en una típica zona de la costa española y, lo más importante, con un aspecto que me permitiera confundirme en cualquier ambiente con los habitantes. También ha sido un logro el integrar en mi cuerpo los distintos elementos necesarios para la investigación, sobre todo la cámara, los sensores volumétricos y biónicos, y los distintos mecanismos de análisis y replicación virtual de ADN, así como los enlaces que me permiten enviar la información al Laboratorio, para que sea almacenada, procesada y reinventada…

Ya desde los primeros experimentos de los saltos en el tiempo, quedó demostrado que el viajero no podría acarrear ningún tipo de material no orgánico, y en cierto modo, me he convertido en un simbionte… con múltiples capacidades algo extrañas, como la de cambiar de forma y tamaño a voluntad, para mimetizarme con el entorno, y pasar desapercibido. El único límite: que solo puedo adoptar fórmulas masculinas, por nuestro desconocimiento de la forma femenina, de sus interioridades, evolución y genética… Y de ahí se deriva, precisamente, mi desesperada misión…

El primer elemento del puzle lo he conseguido en una piscina privada… Mientras buceaba, he observado los pies más absolutamente exquisitos que he visto nunca: pertenecían a una niña de trece años, que estaba tranquilamente sentada al borde, con sus padres y sus hermanos… Es solamente un trabajo, lo sé, pero me he emocionado al encontrarla, por lo que me ha costado un poco obtener el encuadre más adecuado, antes de disparar la primera serie de fotos. Una vez terminadas, la he rozado suavemente con la mano al agarrarme al borde, y de esa manera, he tomado las primeras muestras de ADN, para enviarlas enseguida a los técnicos… He estado tentado de tomarle un plano de la nariz, que también era muy interesante, pero me atrae la variedad… Nunca sabrás, querida niña, hasta qué punto ha sido importante tu colaboración…

El segundo elemento, las piernas, las he sacado de una adolescente, que estaba tumbada a la sombra sobre una toalla naranja… El encuadre ha sido muy sencillo, desde el borde de la misma piscina, un simple parpadeo, y he conseguido una serie de fotografías de gran calidad hasta el mismo pubis… que sin embargo, no me servía, por un procedimiento tumoral que se estaba gestando en su matriz… La muestra de ADN no ha sido fácil, pues tenía varias amigas a su alrededor, pero con el viejo truco de la pelota, he conseguido acercarme lo suficiente para obtenerlo de sus manos…

Siempre me preocupaba el aparato reproductor, por lo que dedico un par de horas más a recorrer la costa… y encuentro a la donante perfecta en un chiringuito playero: sus piernas no son gran cosa, pero yo necesito otra parte de su cuerpo… Utilizando la función de examen intracorporal, compruebo que está perfectamente sana, su aparato reproductor es absolutamente fértil (tendrá unos 18 años humanos, como mucho), que sus nalgas son firmes, y sus caderas perfectas… En conjunto, hago unas 100 fotos de esta donante, y la muestra de ADN es muy fácil de conseguir: me basta con rozarle la mano al preguntarle la hora…

Llego pues al tramo más complicado, el abdomen, puesto que necesitamos un modelo femenino que nos pueda ser útil como madre de una nueva raza, y también como esperanza… En este caso, prefiero una hembra de raza negra, en la treintena, que avanza cadenciosa por el paseo marítimo, orgullosa de su andar cimbreante, y de las lobunas miradas que despierta. Un rápido cambio de forma, y me vuelvo un varón con rastas y considerable altura… Incluso fantaseo lo que sería reproducirme con una hembra como ella, las extrañas sensaciones, tan nuevas… Pero claro, olvido precisamente nuestra asexualidad, que ha sido la causa de nuestra decadencia… Me separo de ella, tras obtener su ADN con un beso… con sabor a canela…

Sigo trepando por la anatomía femenina, necesito los pechos perfectos, ni muy grandes, ni ridículamente pequeños, calculo que entre la 95 y la 100 estaría bien… Eso sí, nada de prótesis de silicona, ni de implantes mamarios de ningún tipo, pues no podríamos reproducirlos en nuestro tiempo… Curiosamente, es la expedición que más tiempo me lleva, pues en las playas del Mediterráneo en las que limito mi búsqueda, abunda más el género alterado… Pero localicé a una joven nórdica, llamada Irina, con los pechos más turgentes y perfectos que he visto nunca… aunque teniendo en cuenta mi limitada experiencia con las mujeres, tampoco quiere decir nada… Al verla tan asequible y perfecta, siento la tentación de tomar también sus brazos, pero las políticas genéticas me lo impiden…

Una camarera de chiringuito playero me proporciona los brazos y los hombros, fibrosos, exquisitamente proporcionados, por el trabajo continuo, sirviendo jarras de sangría, y raciones de paella… manjares, todos ellos, imposibles de conseguir en nuestro tiempo… Y por eso, dediqué un buen rato a disfrutar de aquellas viandas, grabando en mi memoria todos los matices, para poder contárselo después a mis compañeros…

Las manos, como no podía ser de otra manera, son las de una fisioterapeuta, a quien conozco por casualidad, y que me ayuda con una inoportuna torcedura de tobillo… Manos fuertes, pero esculturales, que me quitaron los males, y me hicieron sentir mil cosas extrañas al desplazarse por todo mi cuerpo… En este caso, obtener su ADN no fue demasiado complicado…

Mi tarea estaba casi terminada, solo me faltaban la cabeza y el cuello, que de todas formas era adecuado que pertenecieran a la misma mujer… Y encontré a la persona perfecta, otra adolescente, de pómulos marcados, piel olivácea, labios turgentes, dientes muy blancos, ojos negros, profundos, soñadores, melena hasta la mitad de la espalda con reflejos caoba… En ella, todo era perfecto, pero las estrictas normas me impedían hacerlo…

Sí, es cierto, al tener que tomar obligatoriamente las muestras de ADN de cada sujeto, el proceso se ralentiza, y más todavía al tener que mandarlas al Laboratorio… pero sin ellas, es imposible clonar precisamente aquellas partes del organismo de las donantes que más nos interesan… De lo contrario, el procedimiento fracasaría, pues de nada sirve el tener una imagen cuatridimensional de un ser humano, si no eres capaz de reproducirla. A posteriori, cuando se hayan realizado las pruebas iniciales, se pueden recombinar todos los ADN utilizados, y así obtener a la Madre. Por supuesto, también es necesario alcanzar un consenso sobre el tono de piel, porque las muestras proceden de donantes tan dispares, que no sería posible mantener su tono original… De todas formas, con una tecnología que es capaz de clonar una Madre desde la nada, alcanzar el color perfecto no deja de ser una minucia…

Es una de las paradojas de la reproducción artificial, de utilizar el envío de embriones congelados en naves invernadero, para reactivarlos en el momento oportuno… Las matrices biomecánicas, especialmente preparadas para asegurar la reproducción automática de los embriones genéticamente modificados, se consideró como una de las alternativas más válidas en aquellos tiempos lejanos…

Por desgracia, se cometieron algunos errores, que tal vez reflejaban una visión absurdamente religiosa de la reproducción humana: por eso, eliminaron cualquier tipo de órganos sexuales internos o externos, convirtiéndonos en una raza de zánganos asexuados, sin capacidad de reproducirse, ni de diferenciar los sexos. De esa manera, nuestra vida se reduciría a nacer de manera artificial, trabajar en la terraformación del nuevo planeta, y cuando estuviera terminada nuestra labor, los sacaríamos a ellos, los humanos perfectos y escogidos genéticamente, y sus embriones, de la animación suspendida… El problema fue el fallo eléctrico, que inutilizó las cámaras de criogenización, convirtiéndolos a ellos, a los nuevos conquistadores, en poco más que papilla podrida de procedencia intergaláctica, absolutamente inútil como nueva raza de amos…

El tercer error, mayor incluso que la criogenización o nuestra asexualidad, fue dotarnos de inteligencia, de una capacidad intelectual superior a la media, y por supuesto, de curiosidad… En un par de generaciones, de 30 años humanos, fuimos capaces de hacernos preguntas… ¿Y si hubiera una forma de devolvernos la capacidad de reproducirnos? ¿Y si fuera posible averiguar, estudiando los restos de los cadáveres conservados, la estructura y funcionamiento del aparato genital masculino? ¿Si consiguiéramos extraer nuestro ADN primigenio de nuestra naturaleza clonada, y retroceder hasta nuestro creador?

En diez generaciones clónicas, trescientos años humanos, hemos conseguido recobrar plenamente las funciones reproductoras de los varones, pues de todas formas, su funcionamiento y genética es muy sencillo, y tampoco tienen grandes misterios en su estructura… Pero el misterio del nacimiento de la vida, fuera de las grandes incubadoras clónicas, de las que salimos con una edad de diez años humanos, sigue siendo algo superior a nuestras capacidades actuales. Por eso, hemos aprovechado para perfeccionar la máquina del tiempo, crear los simbiontes, y enviarlos al pasado…

Ya no queda nada de aquella civilización, que estiraba sus cuerpos al sol, y bien poco de aquél planeta, que está completamente contaminado por todo tipo de derrames industriales, nubes de polución, vertidos tóxicos, y sobre todo, las últimas guerras mundiales, la primera con armas químicas y bacteriológicas… y la segunda, nucleares… Entre las dos, uno de los bandos pensó que era el momento adecuado de conquistar las estrellas, puesto que estaban destrozando la Tierra hasta extremos altamente peligrosos… No fue algo altruista, ni una preocupación por la preservación de la raza humana, sino una decisión comercial: el primero en expandir su semilla criogenizada por el universo, simplemente, dominaría todos los nuevos territorios… Por supuesto, tampoco contaron con el agujero negro que engulló dos de las tres mega-naves, lanzándolas hacia otro universo… en el que, afortunadamente, sí había oxígeno, y todos los componentes de la vida…

Le llamamos Tierra III, para recordar de dónde venimos, y nuestro pasado… y nuestro futuro… Ahora, en cuanto consiga volver a mi lugar y mi tiempo, pues las coordenadas del salto han sido calculadas con gran precisión, para que regrese, con todas las informaciones, que nos permitan fabricar a la Madre, fusionando sus características genéticas con uno de nuestros embriones clónicos… Nuestros científicos esperan que de esa manera, podremos comenzar de nuevo…

Desde cero…

Con el Padre y la Madre…

Sobre todo, porque después de seiscientos años de travesía y adaptación del entorno, las máquinas de las naves están dejando de funcionar… No nos quedan prácticamente embriones viables… Ni incubadoras… Ni siquiera la energía suficiente para asegurar el mantenimiento de las plantas potabilizadoras del aire… Vivimos en una gran bóveda artificial, y esperamos que los descendientes del Padre y la Madre, al haber sido generados por medios naturales, dispondrán de una capacidad pulmonar adecuada, y podrán vivir en el resto del planeta de los tres soles… Serán la última esperanza de la Humanidad… o de lo más parecido que hemos logrado crear en nuestros laboratorios…

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